El artista de la pista

Enero 27, 2010 Por: El Chulo Category: Deportes

La prensa deportiva también tiene sus cosas, no todo va a ser la “prensa” del corazón y demás mierdas… atención al titular: Suspenden durante 40 minutos un partido del Open de Australia al orinarse en la pista un recogepelotas. Curiosa noticia, de verdad, y que tras leerla se me vienen a la mente varias preguntas.

¿De qué tamaño era la pista? ¿Y la meada del recogepelotas? Supongo que la pista no sería pequeña y sería la oficial y reglamentaria para partidos de tenis, así que solo me queda que la vejiga de este recogepelotas era de tamaño sobrenatural porque si las del resto de humanos puede albergar más o menos medio litro, la de este “ser” era prodigiosa ya que tuvieron que suspender el partido. ¿Llegaría a la pista el meo?

Incluso en la página donde leí esta noticia, o sea, AQUÍ, aseguran que tuvieron que usar un ventilador para secar la pista y que como el ventilador no tenía gas, se tardó más tiempo. Aquí se lía la cosa ya… ¿Un ventilador a gas? ¡Pero que coño es eso! Normalmente se enchufan y ya, aunque buscaré por Internet a ver que clase de ventiladores se gastan en nuestras antípodas.

El escenario del crimen

No sé cuanto tiempo llevaban de partido pero normalmente los recogepelotas suelen ser adolescentes humanos, y como seres de tal especie también mean e incluso hasta cagan, pero esto último hubiera sido lo más. Ver al recogepelotas bajarse los pantalones y cagar delante de todo el mundo.

Pero mierdas aparte, al joven le entrarían muchas ganas y por miedo a abandonar su puesto pues se orinó encima. Y no suficiente con la vergüenza que debió pasar, ahora el jugador, que debe ser el mismísimo rey del mambo que ni caga ni mea, machaca más aún al chico.

¡Protesto contra esta clase de gente que se creen algo cuando tienen una raqueta en la mano! Sé que esto no es normal, pero a veces ocurre y cuando menos te lo esperas. Quisiera ver yo al artista de la pista unas cuantas horas agachado dándole el sol en todo el tarro a ver que tal le sienta. ¡Capullo!

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